Psicología-Psicoterapia • Escribe: José Ramón Aizpurua
Psicología-Psicoterapia • Escribe: José Ramón Aizpurua
Parece que después de un largo período donde lo vivido en familia, escuela y sociedad en general ha pecado de un exceso de autoritarismo. Es natural, pese a que nos pueda disgustar, que lo contrario, la permisividad, haya ido apoderándose poco a poco del entramado social y que esto nos deja desorientados a todos, sobre todo a los más jóvenes. (Porque los límites nos ayudan a situarnos). La mayoría de los psicólogos hablamos de la importancia de poner límites. Pero qué es eso de poner límites? Cómo puedo saber si lo estoy haciendo bien con mis hijos-as, con mis amistades o en el trabajo?
En primer lugar diré lo que no es. No se trata de imponer a toda costa nuestro criterio y ser inflexibles o aprovecharnos de nuestra posición de superioridad sobre hijos, alumnos, empleados, pacientes, o.... En el otro extremo, estaría la falta de límites, la irresponsabilidad de permitir en exceso y dejar que sea el otro (hijo, alumno, etc) el que decida algo para lo que todavía no está preparado.
La cuestión para ejercer como “sana autoridad”, y que es realmente complicada a veces, estriba en saber con claridad (de-limitar con claridad solemos decir) cuáles son, en cada caso, nuestras funciones y responsabilidades y qué aspectos son innegociables y cuáles hay que consensuar para el adecuado funcionamiento de familia, grupo de trabajo, escuela, equipo de fútbol u organización que se trate; y en definitiva, también hay que ver qué cuestiones conviene que sea”entre todos” que se decidan para ir madurando.
Partiendo de la base de que siempre es mejor llegar a acuerdos y de que “somos un equipo”. Primeramente, toda norma innegociable debe ser explicada porqué lo es.
Ello permitirá que cada cual asuma sus responsabilidades, en definitiva, que hay determinadas decisiones que no le atañen y sin embargo muchas otras sí.
A fin de cuentas, el cómo nos manejamos con los límites nos habla de la capacidad que tenemos o no, de cuidarnos a nosotros mismos, también de nuestra falta o exceso de afán por preservar nuestra intimidad o independencia; así como, de nuestro posible autoritarismo o inflexibilidad por mantener nuestra posición de poder o nuestros privilegios. También, cómo no, son claro reflejo de nuestro grado de pasotismo y de nuestro propio estilo de contactar con los demás.
“PONER LIMITES”